«Hasta que me olvides», Jazmín Giordano en Pasaje 17

 Lo único que nos enseña la historia es que ella no nos ha enseñado nada

G. W. F. Hegel.

Cada tantos años en la historia de la Tierra ocurre algún hecho sísmico, revolucionario, que arranca de cuajo la vida que acostumbramos llevar, que conduce a plantear lo cotidiano como un concepto en permanente mutación, al desarraigar hábitos y rutinas.

La pandemia por la que estamos surcando hace que no haya nada metafórico en esta sentencia. 7 mil millones de personas se vieron encerradas de golpe dentro de sus hogares, cercadas dentro de los límites políticos de cada ciudad.

Este mundo en llamas es la situación que Jazmín Giordano radiografía y amplifica: los fenómenos que la humanidad experimentó durante meses y que se avizora que seguirán acompañándonos un tiempo más.

A través de piezas nuevas y tempranas, el imaginario propuesto por Giordano nos ayuda a dilucidar qué pasó con nuestros estados anímicos mientras atravesábamos (¿atravesamos?) esta circunstancia movilizadora. Indaga en cómo, incluso confinados en el ámbito de lo doméstico, las exigencias de rendimiento que nos imponemos a nosotros mismos en una sociedad que privilegia la productividad por sobre todas las cosas, no pudo detenerse ante nada, excepto la depresión.

El disfrute se vio postergado en nombre de la supervivencia, que se basa en todo caso en el miedo a la muerte. ¿Qué pasó entonces con las instancias de placer en un contexto caótico y desesperado, donde la dinámica de lo social se vio fracturada, donde las experiencias junto a otros se redujeron al tamaño de una pantalla?

Tampoco en esta oportunidad la desconexión ni la depresión fueron admitidas. Transitamos un aceleradísimo cambio de paradigma ante el vuelco forzado hacia lo virtual. Esta virtualidad también nos sirve como plataforma de inspiración por medio de la cual ponernos en contacto con gurúes que brindan tips acerca de cómo gestionar el tiempo, para hacer todo lo que alguna vez soñamos y nunca supimos cómo. Giordano parodia e imita a diversas personalidades que, como en la televisión de trasnoche, dan consejos de superación para sobrellevar las condiciones más difíciles jamás conjeturadas. Todos estos mensajes se vieron reactualizados y se convirtieron en una herramienta a la cual aferrarse cuando todo el entorno se desestabilizaba.

En este lapso sufrimos una pérdida de intimidad, debido a la incorporación masiva de aplicaciones como zoom, donde tenemos que compartir con amigos, colegas, compañeros de trabajo o estudios, facetas de una identidad manifiesta a través de la decoración de los ambientes. Ya no hay esfera privada sin cámaras y mucho menos sin pantallas.

Desde sus primeras obras, Jazmín incorpora el interior del hogar en sus producciones, eligiendo el humor como estrategia para aproximarse y horadar en temáticas incómodas. La sensación de vacío, de angustia, la desigualdad de género ante las tareas domésticas y la imposición publicitaria al orden y limpieza brillantes, son abordadas desde una parodia existencialista, con alta dosis de ironía. En cuarentena, vimos cómo ese discurso mediático no sufrió demasiadas modificaciones, y para colmo, la casa se convirtió además en oficina, gym, lugar de ocio, cine, área gastronómica para preparar compulsivamente cada receta viralizada. La casa se volvió más que nunca un lugar de disputa, de negociación, de amor y odio. Una trampa.

Giordano se abraza al objeto, a las cosas en toda su materialidad, como un fetiche que podría desaparecer. Como una reacción desesperada y acumulativa que llega al límite del barroquismo, parece resguardar lo único real que queda; decora ambientes con adornos y oropeles, arreglos florales, souvenirs, elementos de vajilla, empapelados de paredes y ornamentos varios. Sabemos que la extinción de estos objetos es posible, ahora que vivimos la revelación de ver al mundo detenido.

Sus obras exploran lo popular aventurándose en la canción latina que, colmada de clichés románticos, sentó las bases de nuestra educación sentimental.

La muestra está presidida por una quimera, un animal fantástico que contiene en un solo cuerpo características de varios seres en simultáneo. La biología siempre desestimó a estos especímenes por improbables, pero acaso ¿eso no somos nosotros hoy en día? Seres cada vez más híbridos. La naturaleza encendida en fuegos violentos modifica los paisajes como alguna vez los conocimos, y sin nostalgia alguna podría olvidarnos como especie. ¿No es esta pandemia un ejemplo de una nueva y siniestra naturaleza? 

Curaduría: Evelyn Sol Marquez

Galería Pasaje 17

Av. Bartolomé Mitre 1559, CABA

Hasta el 10 de marzo. Lunes, martes, jueves y viernes de 13 a 19hs.

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