Antes de su viaje a Dubai, conversamos con la artista Ornella Ruíz Díaz, multifacética y multidisciplinaria, que en pocos años ya transitó los caminos de cine, la pintura, el criptoarte y el diseño de indumentaria. Nos contó sobre sus últimos proyectos, su taller en Central Park y sus procesos de trabajo

ORD- Es difícil definirse cuando tenés tantos intereses, pero en lo que profundicé realmente es en la pintura. Trabajé con Raúl Perrone, un director de culto, de clase B en Argentina, con reconocimiento internacional. Fueron tres películas, porque yo pensé que iba a ser directora de cine, ese era mi sueño cuando tenía 16 años, pero ya estaba pintando. Cuando empecé a participar en cine, me di cuenta de que necesitaba trabajar sola, me gustaba más hacer un trabajo mental para poder procesar el arte, y la pintura fue lo que me abrió las puertas para poder hacer todo lo demás, por eso digo que ante todo, soy pintora. 

ESM- ¿Qué artistas fueron una influencia para vos?

ORD- Me gusta mucho la década del 60, la nouvelle vague, el neorrealismo. Fellini es mi director favorito. Todos ellos configuraron en mi cabeza lo que quería hacer. Ahí entró la pintura y me di cuenta de todo lo que podía hacer

ESM- ¿Cómo es tu proceso de trabajo?

ORD- Trato de que no me coma la ansiedad para pintar, porque no me permite profundizar en cosas que me gustaría. Siento que en los artistas hay una pulsión adentro, y es algo que me estalla y a veces hay demasiadas cosas que quiero hacer y que no me alcanza la vida. Siento que vivimos en la era en que tenés que profesionalizarte en una sola cosa y los seres humanos tenemos una cabeza muy diversa.

ESM- Iniciaste tu carrera en la pintura y en las exposiciones desde muy chica, ¿cómo fue ese camino?

ORD- Yo empecé a mandar a concursos a los 21 y entré a muchas convocatorias por ser artista joven. Gané un premio a los 21 en un concurso que era sub 25, y claro, éramos muy pocos los que nos presentamos. Era obvio que iban a ser pocos. A veces uno toma atajos, yo quería estudiar, no me gustó la academia; me encontré con un mundo que no era lo que yo buscaba, y empecé a explorar con artistas, ir a clínicas, como la de Tulio de Sagastizabal, y eso me permitió tomar el atajo de empezar a hacer cosas temprano, porque hay gente que recién se está recibiendo a mi edad. Porque en los concursos, para hacer obra y para el desarrollo mental necesitás tiempo. No es que no seas bueno cuando sos joven, pero de alguna manera no tenés la madurez y el tiempo te corre igual. 

ESM- Ahora formás parte de los talleres del Central Park, un edificio clásico porteño

ORD- Sí, tengo mi taller en Central Park, hace años que quería tener un taller ahí porque amaba ese lugar. Es una fábrica de hace cien años que se convirtió en un predio empresarial en Barracas, donde hay desde outlet, oficinas, empresas, y en un piso hay talleres de artistas muy consagrados, como Hoffman, Eugenio Cuttica, entre otros más jóvenes y muy buenos. Desde hace 30 años funciona como talleres.

ESM- En tus pinturas trabajas con colores muy vibrantes y algo que llama la atención son tus bastidores de forma circular, algo muy poco habitual

ORD- Un poco de rebelde, porque al principio no había un por qué. A mi me gusta mucho el arte moderno y el arte Madí y quería hacer algo de ese estilo. Empecé a hacer círculos de 15 cm de diámetro en mdf. Empecé comprando 10 y terminé haciendo 400 desde 2016, y eso fue lo primero que hice en modo circular. Con ese material empecé a ir a galerías, museos, a coleccionistas a mostrarles lo que hacía, y eso me enseñó a pintar, a ver qué cosas podían salir de mi cabeza. Los 400 los pinté en 3 meses, porque como dije, pinto con ansiedad. 

En ese momento me salió una muestra en el museo de Lucy Mattos en Beccar, pero ella quería que exponga círculos más grandes. A partir de ahí empecé a pintar sobre lienzo en círculos y me topé con que no se vendían los tondos, y si los venden son carísimos. Así que empecé a trabajar con un luthier. Compraba la madera, el luthier me cortaba los círculos, yo los embastaba. Y funcionó muy bien, porque ese año, de esos 400 círculos vendí 300. y eso me funcionó como visibilidad, economía, ejercicio plástico, fue emocionante. 

ESM- ¿Siempre trabajaste dentro de la abstracción?

ORD- Sí,siempre, porque me cautivó la abstracción, desde lo más simple y glorioso como Mondrian, después Miró, Kandinsky. Es nombrar lo obvio, pero por algo son los maestros que son. También me gusta mucho el arte argentino, soy muy fan del arte argentino. La abstracción comenzó desde los 17, cuando también me gustaba mucho el futurismo. En mis primeras pinturas copiaba mucho el estilo futurista, me gustaba esa búsqueda del movimiento desde algo tan simple como una línea y un color, o desde un degradé. Me parece interesante la búsqueda de cómo desde lo simple tratar de lograr algo complejo, que el espectador no tenga que estar buscandole la vuelta, no complejizar las obras, y la abstracción me lleva a eso, o al menos ahí encuentro un por qué.

ESM- ¿Cómo se comenzó a conectar el mundo de la pintura, una técnica tradicional, con el mundo del criptoarte, el arte digital? ¿Cómo fue la conexión entre uno y otro?

ORD- Eso fue muy loco. En la pandemia ya tenía un taller, un local que había empezado a alquilar, y no podía ir. En la secundaria hice una tecnicatura en diseño gráfico, de donde me quedó el interés por lo digital, sobre todo para hacer bocetos.

Mientras tanto me enteré de la existencia del criptoarte, empecé a investigar, a escuchar unas charlas y me conecté con la comunidad argentina del crypto. La comunidad acá es muy grande, es un sistema que tuve que investigar y aprender mucho, porque no era solo aprender de arte sino todo un sistema económico. Con la ayuda de otra gente, comienzo a vender criptoarte, que son obras que yo digitalizo y les doy animación, es como convertir la pintura a un plano digital. No son fotos de mis pinturas, sino que tienen ese tratamiento digital, en algunos casos incluso trabajé con animadores. Y se me abrió todo un camino. 

La primera obra que hice fue una colección de tres pinturas, que las prendí fuego en 2022, y pasaron a estar disponibles sólo digitalmente, como crypto. Un coleccionista de criptoarte de Paraguay compró las tres pinturas en el acto, mientras yo las estaba prendiendo fuego. 

ESM- ¿Esa acción fue con público?

ORD- Un público muy reducido porque fue en un callejón, en Warnes. Está filmado, tengo el registro, pero solo invité a algunos periodistas y amigos, en total unas 10 personas. Fue bastante trash, como una performance. A partir de ahí trabajé con marcas, como Binance. hice un auto para GTA, una Lamborghini ploteada con una pintura, que se podía comprar en crypto, cosas nerds, digitales y con gaming. Además mucha gente que nunca había comprado arte, compró obra. Fue apuntar a un nuevo público y aprender cosas nuevas, de este sistema económico. me abrió un camino digital dando charlas y capacitaciones. 

ESM- También vi que recientemente armaste una cápsula de ropa para una marca, ¿cómo fue ese acercamiento a la moda?

ORD- A mi la moda me gusta mucho; siempre me cruzo con el mundo de la moda, y lo primero que hice fue un NFT, un vestido que le pinté a María Prior, una diseñadora argentina muy prestigiosa que ganó las Tijeras de Oro, que es como el Oscar de los diseñadores. Es muy vanguardista, y le propuse hacer una colaboración. Me dio un vestido blanco y yo lo pinté con mis formas, con colores pop y lo transformamos en un vestido que flotaba en una pasarela. Esa fue una colaboración, y más recientemente, con la diseñadora Roxy Indica, que vive en Nueva York y hace ropa para rockstars, como Ringo Star. Con ella hicimos un kimono, fue una cápsula pequeña, que se presentó en la Semana de la Moda en Nueva York, no lo podía creer. 

Hay cosas que no puedo creer que estén pasando. Hay que confiar y hacer y hacer porque el camino es grato si uno lo intenta. 

ESM- Es muy importante tener autoconfianza y seguridad en lo que haces, creo que es una de las cosas más difícil de lograr en tu oficio

ORD- Hay que confiar en lo que uno hace, porque si no confías vos, menos el resto. Hay veces en que me pregunto si está bueno lo que hago, si está a la altura de lo que busco. Me hago esas preguntas, pero trato de callarlas, porque sino no avanzo. 

ESM- El año pasado también hiciste una pintura de 8 metros, ¿qué pasó con esa pintura después de la muestra?ORD- Martín Mele tiene una especie de mentoría y un taller y espacio de exhibición en La Boca. Él y su esposa me vienen acompañando desde que tengo 18 años, y hasta me han prestado taller en un momento. El año pasado me invitaron a hacer una muestra en este espacio, indicándome que tenía que mostrar solo una obra. Entonces les dije que si sólo presentaba una obra, tenía que ser la más grande que se podía hacer ahí adentro. Lo más grande que se podía hacer era un lienzo de 8 x 4 metros. Terminó en una especie de paisaje abstracto que me siento muy orgullosa de haber hecho. Ahora un coleccionista lo quiere en Estados Unidos, yo no esperaba nada de esa pintura, más que el placer de hacerla, porque, ¿dónde la colgás? Esa fue una gran exploración del tamaño y desde entonces pasé a hacer todo en gran formato. Mientras tanto, va a estar colgada en mi taller de Central Park.