Bienal de Venecia: Cindy Sherman, curadora

La reconocida fotógrafa norteamericana Cindy Sherman fue la encargada de curar una muestra adjunta en la que expone su visión sobre el cuerpo. Sherman, artista que se caracterizó a lo largo de su carrera por brindar un profundo análisis del rol y las problemáticas del cuerpo femenino en la sociedad contemporánea, convoca aquí a una serie de artistas con aproximaciones diversas sobre el mismo tema. Al ingresar a la sala nos topamos con una de las esculturas escalofriantemente realistas de John DeAndrea, “Ariel II”. Solo su inmovilidad indefinida nos hace descartar la idea de que sea una performer la que se encuentra sobre la tarima, parada frente a nosotros.

DeAndrea siguió el camino abierto previamente por Duane Hanson, también presente en la muestra con “Bus stop lady“, quien descubrió años antes el uso de la resina poliester y la fibra de vidrio para otorgar todo el realismo posible a sus esculturas.

Dentro de la exhibición se encuentra el llamativo proyecto de Linda Fregni Nagler, que se compone de fotografías de fines del siglo XIX y principios del XX, incluyendo también daguerrotipos y otros tipos de técnicas ya en desuso. En todas ellas los protagonistas son bebes o niños de muy pequeña edad y el nombre de esta colección es “The hidden mother“; dándonos la pauta para entender la particularidad de estas imágenes, que en caso de estar bien resueltas, habremos pasado por alto en una primera aproximación. Todos estos bebés están siendo sostenidos en el momento de la foto por una figura cubierta y oculta, que intenta ser invisible, para mantenerlos erguidos durante los largos tiempos de exposición al que estaban obligados en este momento evolutivo de la fotografía. Oscuras siluetas que adoptan características siniestras si desconocemos su función, se erigen amenazadoras por detrás de los chiquitos y los rodean.

En contraposición al hiperrealismo de DeAndrea, contiguamente a su obra se ubica un muñeco de grandes dimensiones de Paul McCarthy. Sentado, de 1.70m de altura, se asemeja a las peponas rellenas de guata, con cabellos de lana y contradictoriamente a lo que muestra su cara feliz, su torso se encuentra abierto con un tajo por el que escapan y chorrean sus vísceras sobre el piso. El nombre de la obra es “Children’s anatomical educational figure” y en su apariencia de juego de niños, se corresponde con el interés macabro de las edades tempranas por la sangre, así como la destrucción permanente de objetos para poder acceder al interior de las cosas y entender su funcionamiento. Probablemente si un niño tuviera la posibilidad de abrir un cuerpo humano para examinar su interior, lo haría sin ninguna dificultad, guiado por una idea de imposibilidad de la muerte pregnante a esa edad.

Comparado con la aparente simpatía que despierta el muñeco de McCarthy, la obra de Miroslaw Balka resulta mucho más oscura y tenebrosa en su aproximación a lo humano. Exhibida en una vitrina, consiste en la representación del Papa negro, acompañado por una oveja negra. Interesado por los temas históricos de Polonia, su país, el Papa negro alude  en parte a la opresión que la religión católica sufrió en la década de 1980, durante los años de gobierno comunista, cuando un poder ejecutivo autoritario impuso la Ley Marcial para reprimir a los disidentes. La escultura podría hacer referencia también a la figura de Anticristo, del cual tantas profecías hablan y que sería encarnado por un futuro papa, acompañado en este caso por el símbolo de Cristo y su bondad como es el cordero, endemoniado y de intenciones opuestas.

Haciendo eco de la propuesta del curador de la Bienal Massimiliano Gioni, Cindy Sherman trae a colación una serie de objetos realizados con fines rituales y no netamente artísticos. Se exponen un grupo de exvotos encontrados en el Santuario de Romituzzo, en Italia, pertenecientes al período ubicado entre los siglos XVI y XIX. Estos ex votos, práctica antiquísima que responde al deseo primal de aproximación a lo divino, se corresponden con la parte del cuerpo del enfermo que requería curación. Fueron descubiertas allí miles de cabezas, brazos, pies, bustos e incluso figuras de cuerpo entero tanto de adultos como de bebés, a una escala próxima a la real. La representación del cuerpo tiene aquí un fin altamente litúrgico, realizada para obtener la sanación. El poder sanador de una fuerza sobrenatural se manifiesta para estos creyentes a través de las imágenes.

En este mismo contexto ritual se exhibe un grupo de banderas vudú haitianas, realizadas de manera anónima por la comunidad. Las divinidades representadas surgen como resultado del sincretismo entra las creencias de los descendientes africanos en el Caribe y los símbolos impuestos por los conquistadores europeos, principalmente los santos de la Iglesia Católica. Los dioses y espíritus que tomaron forma en esta iconografía pueden ser invocados como fuente de ayuda o consejo.

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