Inauguración de “Normas Protocolares en el Tratamiento a la Bandera”, de Andrés Denegri

 

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Normas protocolares en el tratamiento a la bandera – Andrés Denegri

Curaduría: Evelyn Marquez

Inauguración: Sábado 7 de Julio, 19hs

Pabellón 4 Arte Contemporáneo, Ramírez de Velasco 556. CABA.

 

“¿Qué sucedería si el boom de la memoria fuera inevitablemente acompañado
por un boom del olvido? Además, ya nos ha enseñado Freud que la memoria
y el olvido están indisolublemente ligados uno a otro, que la memoria
no es sino otra forma del olvido y que el olvido es una forma de memoria oculta. “
Andreas Huyssen

 

 

Andrés Denegri trabaja manipulando dispositivos y poniéndolos en relación. Hablamos aquí de dispositivos en el más amplio sentido del término. No nos anclaremos sólo en los aparatos cuya presencia y funcionamiento hacen las obras posibles. Remontémonos en cambio a la definición que construye Giorgio Agamben¹ cuando descubre en el origen del término “dispositivo” una traducción latina a la palabra griega para “economía”: un conjunto de praxis, saberes e instituciones que tienen como fin gestionar, controlar y orientar los comportamientos y los pensamientos de los hombres.

Los dispositivos siempre tienen una función estratégica e implican inevitablemente una relación de poder que, como señalaba Hegel, es impuesta a través de una coerción, aunque a la vez los individuos los incorporan en un sistema de creencias y sentimientos.  Pocos resultan tan eficaces como el emblema nacional: la bandera, nuestro máximo signo de pertenencia. Los dispositivos generan procesos de subjetivación que le son inherentes. Producen un sujeto acorde. Es la bandera argentina la que nos constituye, en nuestra adhesión para con ella, en argentinos.

En la América de fines del siglo XIX y ante la oleada inmigratoria, la gran preocupación política fue la asimilación². El sistema educativo configuró su estrategia para la socialización, sosteniendo en parte el culto a los símbolos patrios. Qué elemento con más poder simbólico y ritual que esta insignia, bajo cuyos colores se inscriben una serie de valores o normas de comportamiento asociadas. Nada menos que la personificación de una nación. Pronto se convirtió en un mecanismo que tenía como objetivo asegurar la cohesión, aportando un sentido de identidad hacia la comunidad receptora. Inculcando los mismos valores a cada ciudadano, ahora miembros de un Estado.

Paradójicamente fue un francés radicado en la Argentina quien decidió tomar este elemento para una supuesta primera filmación en nuestro territorio, Eugène Py. Quizás envalentonado por los antecedentes de su país, el cual fue uno de los primeros en diseñar su propio estandarte tricolor, importó un equipo cinematográfico y se dispuso a registrar la bandera.

Sin embargo, Denegri en su instalación deshace este símbolo ante nuestra presencia. Su destrucción es tan inminente como inevitable; todos nuestros sentidos nos alertan de la situación ¿Se destruirán también junto con ella sus significados asociados?

Todas las imágenes se degradan y se consumen. Pero siempre necesitamos recordarlas, conservar los vestigios por más escasos que sean. Denegri registra también su desaparición, desarrollando para ellas estrategias de supervivencia, ya que la memoria se nos muestra siempre transitoria, poco confiable. Recoge y atesora los desechos; congela los restos de los fotogramas en fotografías que permitirán la reconstrucción cuando todo se consuma bajo el poder del fuego.

Para Baudrillard³, la museización era el intento de la cultura contemporánea de preservar, controlar, dominar lo real para esconder el hecho de que lo real agoniza debido a la extensión de la simulación. La destrucción de nuestro símbolo patrio es a la vez la garantía simbólica de nuestra identidad y la posibilidad de salir de esa identidad.

En la contemporaneidad la meta parece ser el recuerdo total, garantizada por la tecnología. La memoria se volvió una preocupación central. Aun sí ese recuerdo debe ser falseado. ¿No fue acaso el pasado mítico de esta primera filmación reelaborado por el artista?

Estos discursos de la memoria se corporizan en reliquias que rodean a la máquina incendiaria, residuos conservados y amplificados que en cuanto sinécdoque, disgustan y seducen. Mientras tanto, cuando la creíamos perdida, la filmación se regenera y vuelve a comenzar. La reliquia deja de ser signo de muerte para convertirse en un indicio. ¿Será el miedo al olvido el que impulsa nuestro deseo de recordar, o será quizás al revés?

Evelyn Marquez

¹ Agamben, Giorgio, “¿Qué es un dispositivo?”. Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2014.
² Hobsbawn, Eric. “La invención de la tradición”. Barcelona, Editorial Crítica, 2002.
³ Huyssen, Andreas. “En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de globalización”. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2001.

 

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