El pasado es un animal grotesco

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Spleen. Hastío. Ennui. Así denominaban en la época de Baudelaire, de una modernidad incipiente,  a la sensación de aburrimiento que embargaba a algunos sectores de la sociedad. El vértigo, el movimiento, la multiplicación de las ofertas de ocio no alcanzaban para subsanar ese malestar que parecía extenderse como la peste.

Vacío, yo lo denominaría tal vez hoy, a principios de un siglo XXI que nos ha dejado inmersos, como lo denominó Bauman, en una modernidad líquida, donde todo pareciera pasajero, momentáneo y superficial.

Este es el concepto principal que se desarrolla en “El pasado es un animal grotesco”, pero no como una teoría expuesta desde un papel, sino encarnada en la vida de 4 personajes, jóvenes, contemporáneos, argentinos.

La obra nos expone a un recorte de diez años en la vida de estos seres, en un período muy reciente de la historia nacional, desde 1999 al 2009. Dos hombres, dos mujeres, con escasas o indefinidas aspiraciones, arrastrados por trabajos que le son indiferentes, más o menos ingratos, según el caso, a los que se obligan para sobrevivir. O para no aburrirse. Sus vocaciones son evanescentes, cambiantes o inexistentes. Las relaciones que establecen son frágiles, pero insertas en la paradojal necesidad de tener una persona al lado para darle sentido a sus vidas.

Con una original puesta en escena con una escenografía giratoria y un más aún original relato con voz en off, que de off no tiene nada, ya que son los mismos actores los que nos cuentan los devenires del resto de los protagonistas, esta obra se vuelve altamente recomendable. Los conflictos ontológicos y existencialistas que se ponen en juego en la vida de estos personajes y que nos rozan de cerca, no necesitan de la seriedad para exponerse. El humor y el dramatismo se pesan en la balanza para generar una lograda combinación.

La primera señal que potenció el interés que la obra me causó, provino ya inicialmente desde que vi su afiche, una pintura de Jorge Macchi, “Match”. La elección de un artista conceptual de su talla para sincretizar el contenido de la pieza teatral es más que pertinente y aporta un atractivo más a la puesta de escena, que cuenta con la dirección de Mariano Pensotti y música de Diego Vainer.

El pasado es grotesco, una caricatura borrosa de lo que vivimos, un poco absurda, un poco dramática y porqué no, también graciosa, pero eso sí, ya inalterable y no retornable, como un fósforo quemado.

  • Centro Cultural San Martín
  • Sarmiento y Paraná
  • Funciones Jueves a Sábados 21hs, Domingos 20hs.
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