Agustín Sirai y ese asunto del déjà vu

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Sirai 2014.

Erase una vez un joven artista que llamó poderosamente mi atención, que hizo su aparición en la escena como una gran promesa en el campo de la pintura nacional. Me gustaba de él su delicadeza, su imaginario visual, su universo convocante, poblado de imágenes reales pero en contextos únicos y aislados; su destreza técnica. Sus mundos recortados como islas, en un espacio anulado y blanco, se encuentran poblados por una flora y fauna exquisita y propia del ecosistema en cuestión.

Sus pinturas, de una gran sutileza, movían algún hilo sensible en mí, generándome una atracción singular. El nombre de este joven artista es Agustín Sirai.

Desde este momento de descubrimiento han pasado casi 5 años. Y luego de este período prudencial de tiempo, de haber pasado por distintas galerías, haber participado en numerosas muestras, inauguró hace pocos días una nueva exposición en la galería Schlifka Molina, acompañado de otro joven y habilidoso artista,  Hernán Salvo.

Considerando que se trata de un artista de mi estima, las expectativas ante la muestra eran muchas. Lamentablemente, el título de la exhibición, “Lugares comunes”, no aludía sólo a una cuestión retórica, sino que era mucho más literal de lo que hubiera sospechado, sobretodo para aquellos que conocen la obra de Sirai.

Las pinturas expuestas consistían en una actualización de las anteriores, con apenas detalles superficiales que las diferenciaban de sus obras previas de la misma serie. Cayó en el lugar más común posible, seguir exprimiendo una fórmula exitosa hasta la última gota, al precio de la repetición.

Sirai 2010.

Sirai 2010.

El problema de caer bajo el influjo de la fórmula es que aburre al espectador. Aburre asistir a ver una muestra donde el 90% de lo expuesto repite recursos de pinturas anteriores, y sólo un 10% encuentra alguna variación, que en el conjunto se pierde como algo anecdótico.

Nada mejor que la contingencia de una nueva exposición, sobre todo en una galería como ésta, de dimensiones poco usuales en Buenos Aires, para rever y replantearse el trabajo realizado hasta el momento e intentar ofrecer una nueva versión de uno mismo, escapando de fórmulas ya probadas y aprobadas, oportunidad que se ve desaprovechada.

sirai3Un amago de renovación asoma apenas en las pequeñas imágenes de palomas muertas  y en una proyección, que acompañada de una pintura, muestra la degradación de una planta a la que se dejó de alimentar. Fotos de esta sucesión temporal se proyectan en la pared y en una pintura que fue vuelta a repintar una y otra vez para ajustarse a los cambios que la planta sufría, reformulando día a día la imagen anterior. Estrategia no del todo original pero que inyecta un poco de variedad a la muestra.

Sirai, la falta de riesgos redunda en estereotipos; escapate del tuyo, deja de plagiarte a vos mismo; es hora de dar vuelta la página y abrirle la puerta a esos nuevos mundos que habitan en vos y que todos queremos conocer.

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